En los últimos años, la dieta cetogénica (keto) se ha posicionado como una de las estrategias nutricionales más populares para la pérdida de peso y la recomposición corporal. Su base fisiológica es clara: la reducción drástica de carbohidratos induce al organismo a utilizar cuerpos cetónicos como principal fuente energética, un estado conocido como cetosis nutricional (Paoli et al., 2013).
Sin embargo, la cetosis no es un estado ideal para todos los cuerpos, ni sostenible todo el tiempo. En mi consulta observo con creciente preocupación la ola de demonización de los hidratos de carbono, una tendencia que está permeando incluso en infancias y adolescencias, etapas donde la restricción excesiva puede comprometer el crecimiento, el desarrollo neurológico y la salud metabólica a largo plazo.
Los carbohidratos cumplen funciones fundamentales en el organismo:
Son la fuente energética preferente del cerebro y del sistema nervioso central.
Permiten la reposición eficiente de glucógeno muscular y hepático tras el ejercicio (Hargreaves & Spriet, 2020).
Modulan la secreción de insulina, hormona clave no solo para el metabolismo energético, sino también para procesos anabólicos como la síntesis proteica.
En niños y adolescentes, la restricción de carbohidratos puede limitar el desarrollo de la masa magra y la mineralización ósea, además de afectar la regulación emocional y cognitiva, al comprometer la disponibilidad de glucosa cerebral (Miller et al., 2018).
Aunque existen estudios que demuestran beneficios de la dieta cetogénica en condiciones clínicas específicas como epilepsia refractaria (Kossoff et al., 2018) o en estrategias temporales de recomposición corporal, no todas las personas responden igual.
Incremento en la oxidación de grasas.
Reducción de la capacidad glucolítica en esfuerzos de alta intensidad.
Cambios hormonales significativos, incluyendo disminución de leptina y alteraciones en cortisol (Harvey et al., 2019).
En deportistas jóvenes, limitar los carbohidratos compromete el rendimiento anaeróbico y la recuperación muscular. En adolescentes, puede alterar la maduración hormonal, especialmente en mujeres, donde se ha observado disfunción menstrual asociada a dietas restrictivas (Mountjoy et al., 2018).
La narrativa actual en redes sociales, que coloca a los carbohidratos como el “enemigo número uno”, está generando prácticas alimentarias rígidas en poblaciones que necesitan justamente lo contrario: flexibilidad y suficiencia energética.
He observado en consulta adolescentes que llegan con temor a consumir fruta, avena o arroz, convencidos de que “engordan”. Este fenómeno no solo refleja desinformación, sino que abre la puerta a trastornos de la conducta alimentaria, fragilizando la relación con la comida en etapas críticas del desarrollo.
La evidencia indica que las estrategias cetogénicas deben ser individualizadas, temporales y con un fin terapéutico o deportivo específico. No representan un modelo universal. En cambio, los hidratos de carbono de calidad —frutas, verduras, cereales integrales, leguminosas— siguen siendo pilar de una nutrición equilibrada y sostenible (Slavin, 2013).
La clave está en la periodización nutricional, un enfoque que adapta la ingesta de macronutrientes según objetivos, contexto y etapa de vida. Esto significa que un atleta adulto puede beneficiarse de fases breves de cetosis controlada, mientras que un adolescente en crecimiento requiere un suministro constante de glucosa y micronutrientes para sostener su desarrollo.
La cetosis es una herramienta potente, pero no debe ser tratada como un dogma. Eliminar indiscriminadamente los carbohidratos puede traer consecuencias negativas, especialmente en poblaciones sensibles como infancias y adolescencias.
La ciencia nos recuerda que la nutrición es contexto, y que la verdadera salud metabólica se construye con equilibrio, flexibilidad y educación nutricional, no con prohibiciones absolutas.
Referencias
Harvey, C. J. D. C., Schofield, G. M., & Williden, M. (2019). The use of nutritional supplements to induce ketosis and reduce symptoms associated with keto-adaptation: A narrative review. PeerJ, 7, e6409.
Hargreaves, M., & Spriet, L. L. (2020). Exercise metabolism: fuels for the fire. Cold Spring Harbor Perspectives in Medicine, 10(6), a037814.
Kossoff, E. H., Zupec-Kania, B. A., Rho, J. M., & Pfeifer, H. H. (2018). Ketogenic diets: an update for child neurologists. Journal of Child Neurology, 33(9), 595–604.
Miller, V. J., Villamena, F. A., & Volek, J. S. (2018). Nutritional ketosis and mitohormesis: potential implications for mitochondrial function and human health. Nutrients, 10(10), 1–21.
Mountjoy, M., Sundgot-Borgen, J., Burke, L., et al. (2018). IOC consensus statement on Relative Energy Deficiency in Sport (RED-S): 2018 update. British Journal of Sports Medicine, 52(11), 687–697.
Paoli, A., Rubini, A., Volek, J. S., & Grimaldi, K. A. (2013). Beyond weight loss: a review of the therapeutic uses of very-low-carbohydrate (ketogenic) diets. European Journal of Clinical Nutrition, 67(8), 789–796.
Slavin, J. (2013). Carbohydrates, dietary fiber, and resistant starch in white vegetables: links to health outcomes. Advances in Nutrition, 4(3), 351–355.